Le cogió por sorpresa el encontrárselo, con su típico andar y mirada. Se reconocieron, pero, como siempre, no dijeron nada. Cada uno se preocupó de devolver la mira más tarde, cada uno a su tiempo, y luego, se dedicaron a observarse en secreto.
Como es natural, ella se moría por saber qué se le pasaba a él por la cabeza, mientras él parecía hacer cosas para llamar la atención, para que notara su presencia. Pero se acabó, ella no quiso saber más, y torció la mirada, no va a concederle más oportunidades a un caso que ya había fracasado...
Aunque todos esos esfuerzos le fueron vanos cuando vio lo que tanto había deseado y querido correr detrás de aquél niño por todo el lugar, ver cómo lo perseguía y se dejaba perder al juego que compartían, ver cómo le ayudaba a levantarse, cómo lo cogía de la mano y lo alzaba en vuelo... Lo que hizo desear ser aquel niño en ese momento para poder caer justo en sus brazos.
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