Ella nunca deslumbró en ningún aspecto y su timidez la llevaba siempre a arrepentirse de muchas cosas.
Como, por ejemplo, él.
Es una gran confusión. Hoy tuvo la oportunidad, pero bajó la cabeza.
Contuvo la respiración y lo miró de reojo, esperando que pasara junto a ella.
Justo en ese instante, su codo rozó con delicadeza el tejido de su camiseta a cuadros.
Sus sentidos se desarrollaron por completo y notó su respiración, al unísono de tu tacto y su perfume.
Y en el último centímetro de camiseta, el tiempo siguió corriendo y ella sonrió.
Salió al patio.
No hay comentarios:
Publicar un comentario