Nada te rodea, estás en ese segundo dónde oyes un vacío debajo del agua. Sientes que no hace falta salir nunca, que puedes respirar allí, y tus piernas nadan a compás de tus manos y tus pies.
Notas cómo pasa la cresta de la ola por tu cabeza y cómo rompe más allá.
Y, entonces sales. Respiras profundamente, pero no te quedas sin aire, sólo eso, respiras.
Abres los ojos y te encuentras unos que se parecen a los tuyos. Palpitas rápidamente. Te sonríe.
Los dos se hunden hasta las profundidades, dejando de respirar, cogidos de la mano.
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