Mirarte sin poder tocarte es la penitencia más cruel, sentirte tan cerca y no poder abrazarte, una frustración de violencia insoportable. Me miras fijamente, sin dejar que me acerque, como si atrás hubiera quedado el tiempo de los abrazos, como si tu vida hubiera tomado un camino en el que yo ya no soy bienvenido. Y , por si todavía me quedaba alguna duda al respecto, tus palabras me hacen aún más daño que la distancia que me impones.

No hay comentarios:
Publicar un comentario